Derecho a la intimidad y exclusión probatoria (Quaranta)

por Alejandro Freeland

El derecho a no sufrir injerencias arbitrarias en la vida privada, en la de la familia, en el domicilio o en la correspondencia (que consagran los arts. 18 y 19 de la C.N. y los Pactos internacionales de Derechos Humanos) alcanza también a las comunicaciones telefónicas. La injerencia en ellas (el levantamiento de su secreto) sólo puede ser dispuesta por un juez en resolución motivada cuando median en la causa elementos objetivos idóneos para fundar una mínima sospecha razonable. La sola existencia de un llamado anónimo que advierte sobre una supuesta actividad ilegal y motiva no sólo la formación de un proceso penal sino la intervención del teléfono del domicilio denunciado y de los que con él se comunicaban, no cumple con dichos estándares. De todo ello habla Quaranta, caso en el que la Corte no encontró un cauce de investigación independiente distinto a la intervención ilegal y, por aplicación de la regla de exclusión (doctrina del fruit of the poisonous tree, el Estado no puede beneficiarse de una actividad ilegal), anuló todo lo actuado y absolvió al condenado.

Un llamado telefónico anónimo alertó a la División Drogas Peligrosas de la Policía Federal de que en una casa se vendían estupefacientes. Se indicaba la dirección, el teléfono y los datos de su ocupante, una mujer. Sólo sobre la base de ese llamado anónimo el juez ordenó tareas de inteligencia del lugar y la intervención telefónica.

Esa intervención disparó otras, descubrió a varias personas y permitió imputarlas por comercio de drogas. Carlos José Quaranta resultó condenado a cinco años de prisión y recurrió la sentencia de condena hasta llegar a la Corte.

El agravio de Quaranta se centró en la violación a la garantía de inviolabilidad del domicilio del art. 18 de la C.N. ya que, dijo, el juez no tenia motivos para ordenar la intervención telefónica de la mujer que derivó en la captación de su propio teléfono y en su condena posterior. La Corte, reafirmando su jurisprudencia en Rayford, le dio la razón.

El Tribunal, con la única disidencia de la Juez Argibay (que votó por declarar inadmisible el recurso) destaca que el derecho individual a la privacidad del domicilio que consagra el art. 18 de la C.N. también alcanza a las comunicaciones telefónicas y a la protección de su secreto. Ello en base a una interpretación dinámica del propio texto constitucional y de lo previsto en su art. 33 y en los arts. 11 inciso 2º de la CADH y 17.1º del PIdDCyP, en cuanto dicen que nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, en la de su familia, en su domicilio o en su correspondencia. Una orden de intervención telefónica, como un allanamiento, sólo pueden ser dictadas por un juez cuando median elementos objetivos idóneos para fundar una minima sospecha razonable. En el caso, el Juez no expresó en el auto que ordena la intervención (que está en la tercera foja del expediente) cuales eran esas razones que hacían procedente la medida y tampoco remitió a ningún elemento objetivo que la habilitara (en ese entonces, no existía ninguno). La llamada anónima no sólo disparó la intervención telefónica sino que puso en marcha una investigación judicial vulnerando derechos constitucionalmente protegidos. Si el Estado, concluye la Corte, pudiera entrometerse en las comunicaciones a partir de “sospechas” como las descriptas, el derecho reconocido constitucionalmente resultaría de poca o ninguna relevancia (consid. 21).

Finalmente, la Corte no encuentra ningún cauce independiente en la investigación que le posibilitara (eliminada hipotéticamente la medida viciada) “salvar” la investigación (doctrina del mencionado precedente Rayford y de Ruiz, FrancomanoDaray y Peralta Cano -fallo y dictamen-, entre otros). La Corte anuló entonces todo lo actuado y absolvió al imputado Quaranta.

La tensión presente en el caso entre los objetivos constitucionales de “afianzar la justicia” y “asegurar los beneficios de la libertad” se resuelve dramáticamente (cuando no existe alternativa posible: el cauce de investigación independiente) en favor del segundo. Puede quedar un regusto amargo en este tipo de soluciones (como queda siempre que, en la tensión, un principio no sólo cede sino que se ve anulado por el otro) pero no parece posible salvar la disputa de otro modo. Afianzar la justicia, sí, pero no a cualquier precio.

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6 comentarios to “Derecho a la intimidad y exclusión probatoria (Quaranta)”

  1. Alejandro, muy buen post. Hago una pequeña reflexión de puro pregunton: ¿libertad es enteramente asimilable a intimidad? ¿Si se perfora la intimidad, por un espia profesional pulcro, correcto y respetuoso de un objeto determinado, sin que de dicha intromisión se de cuenta el otro, y sólo acciona si encuentra algo relacionado con su objeto de investigación, se viola la libertad? (¿soy menos libre ante la posibilidad de que exista un hacker o una mirada indiscreta?). En la pregunta anterior no es necesario suponer una pinchadura de telefono sino que alcanza con tener a Dick Tracy detrás mirando lo que hacemos, o con binoculares, aprovechando que no cerramos las ventanas. En fin, supongo que mi pregunta se reduce a esta: en nuestros tiempos de comunicaciones y transacciones en un ciberespacio lleno de hackers, alguien que realmente esta deseoso y consciente de preservar su intimidad ¿puede confiar en el telefono? ¿un delicuente puede aspirar a lo mismo? (si vas a hacer macanas esforzate más)
    Dicho esto, si bien asumo como universalmente válido el ojos que no ven corazón que no siente, no creo en el investigador pulcro y puro, por lo cual, al final del dia, coincido y valido el mensaje de defender toda intimidad, para vivir libremente y sin intromisiones del aparato.
    Supongo que hay que aprender a procesar internamente las rabietas de que un delincuente esquive la condena por una escucha telefonica (lo cual dependiendo del delito y la entidad del derecho violado particularmente al delincuente no es fácil)

  2. Gracias por tus sugerentes reflexiones. Sí, creo que libertad es enteramente asimilable, en el contexto que motiva nuestro intercambio, a intimidad. Y que ese “espacio sagrado” en el cual puedo hacer las porquerías más horrendas (the right to be let alone”), debe quedar protegido siempre del Gran Hermano. Salvo, claro, y ese fue el problema, que un juez tenga razones objetivas para levantar el velo. Pero tu reflexión me lleva a recordar, como casi siempre a Nino y de algún modo a hacer algún apunte sobre lo algunas cosas que la penalística moderna discute. Me refiero a la teoría del “consentimiento” de parte de quien la emprende en las lides del delito o lesivamente frente a un tercero, sobre todo aquello que le viene (la pena, el proceso, que alguien lo escuche, que alguno se defienda) en los términos de Nino o a la “responsabilidad por el propio defecto organizador que causa daños a terceros”, en términos v.gr. de Jakobs. No “acepta” quien “está en eso” (en el delito) una baja en las barreras de protección? no consiente o renuncia a las garantías de las que el “buen ciudadano disfruta? Sus evidentes “defectos organizativos” que causan daños a terceros (violación del neminen laedere) no “habilitan” una injerencia preventiva de males mayores.
    Interesantes cuestiones.
    Las discutimos en nuestro almuerzo, que espero sea, o luzca, opíparo, porque invito yo.
    alex.

  3. Me imagino lo divertido que son tus almuerzos alejandro, hablar de Carlos Nino mientras te mandás un pedazo de milanesa.. no está mal.-

    Respecto al post, creo que la Corte está yendo demasiado lejos con esto de la regla de exclusión, es correcto anular un fallo en base a medidas decretadas sin el debido control judicial -vgr:un allanamiento sin orden- pero inmiscuirse en cada una de las decisiones judiciales durante la instrucción y anular el procedimiento entero en base a disrepancias interpretativas -bien pudo el juez de instrucción actuar en base una mínima sospecha razonable y ordenar tal medida en consecuencia- pone seriamente en jaque al sistema.
    Seguramente se jactan en poder mirar más allá que cualquier otro magistrado, pero quizás deberían incluir un mínimo del elemento justicia en sus fallos.
    Fruto del arbol venenoso le dicen, no estaría mal que se lo coman.

    • Estimado Manuel:
      Gracias por tu comentario; fuerte el final. Yo creo que no está mal, que no es demasiado pedir, que es deseable y jurídico-constitucionalmente exigible, que los jueces expliciten sus razones en el expediente antes de hacer lugar a medidas como las que se comentan. No alcanza con que las restricciones al ámbito de libertad sean dispuestas por un juez. Deberá motivarlas para hacerlas comprensibles (y susceptibles de ser comprendidas) por todos los que participan del diálogo del proceso.
      No se si la gente disfruta de un almuerzo o charla conmigo. Tengo mis dudas. No hubo milanesa, pero comimos muy bien.
      Cordial saludo

      • Te pido disculpas Alejandro, no se que me pasaba ese día, lo que escribí fue una barbaridad, quizás es duro como estudiante de Abogacía descubrir ciertas prácticas de la profesión y cómo el natural valor de justicia, que yace en mi como en todos nosotros se ve afectado por inobservancias técnicas y formales del proceso pero que a la larga uno logra comprender.
        Respecto a lo del almuerzo fue algo totalmente rídiculo que escribí, quizás fue una expresión de resentimiento que obedece a una necesidad propia de discutir temas de derecho con alguien. Aclaro que me gustan tus planteos, te pido disculpas nuevamente y te mando un cordial saludo futuro colega.-

  4. Manuel: Soy profesor de derecho hace más de 20 añitos, que debe ser más o menos tu edad. Si hay algo que detesto, y me preocupa MUCHO, es la falta de pasión en el intercambio, la indiferencia, la apatía, que encuentro cada día más presente en los jóvenes. Creo, sinceramente, que están como atacados y obnubilados (desbordados, tapados) por el exceso de información fácil, por los “ruidos” a los que se prestan todo el día con sus auriculares (tun, tun, tun tun) y por “lo visual”, que parece ser el factor dominante de la comunicación social (si no fuiste a ver “Fuerza Bruta”, y todavía la dan, no te la pierdas). Para pensar, meditar, evaluar, valorar, comprender y discutir con fundamento, poco o nada. Por otro lado, la discusión académica -a la que también estoy acostumbrado- suele ser dura; y eso está bien. Así es que no tantas disculpas y a seguir participando con entusiasmo y con pasión. No me has ofendido en nada y espero más aportes tuyos a nuestro querido blog. Es más, ¿por qué no te buscas alguna sentencia de tu interés y le das para adelante con un comentario (buscarlas en la página de la Corte, novedades)? Te patrocino con gusto.
    abrazo cordial,
    alejandro

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