El CIJ y la transparencia informativa

¿Operaciones mediáticas? Horacio Verbitsky dice que sí, que eso fue lo que hizo el Centro de Información Judicial al publicar la noticia del exhorto de Suiza que involucraría -ese es justamente el punto de discusión- a Moyano. Al hacerlo, el periodista afirma que el CIJ trabajaba para desestabilizar al gobierno. Refrendaba así lo que había firmado en su nota del domingo en Página 12: “La Quinta Columna“. Por el contrario, el CIJ afirma que no hubo ninguna intencionalidad política, que su actuar es transparente y que el Centro publica lo que le envían los jueces de todo el país. En el medio, una serie de discusiones twitteras entre María Bourdin, la directora del CIJ y Sergio Szpolsky (dueño de Tiempo Argentino) y con Ignacio Fidanza (director del sitio La Política Online). Los detalles del entuerto no nos interesan aquí tanto como las cuestiones más estructurales que el mismo sacó a la luz y que tienen como punto de referencia la transparencia informativa. En concreto, tres son los puntos que se han tocado respecto de la agencia de noticias del Poder Judicial, rótulo con el que se presenta el CIJ ante la sociedad. En concreto:  su razón de ser, su modus operandi y su conformación.

¿Es necesaria una agencia de noticias del Poder Judicial?

En el balance del año 2010 que hicimos en el blog, Mónica Baumgratz analizó la política comunicacional de la Corte Suprema y nos explicó la transición que hubo desde lo decidido en la Primera Conferencia Nacional de Jueces hasta la conformación de una agencia de noticias. Tenemos aquí un caso más del particular modo en que la Corte Suprema entiende el proceso de formación de políticas públicas:  un consenso inicial para mejorar la comunicación interna y externa se transforma en la creación de una nueva estructura, con una conformación y modus operandi que nunca estuvo en la agenda. Pero empecemos por el principio:  ¿está justificada la creación del CIJ como agencia de noticias? Este affaire Moyano ha levantado muchas voces que parecen responder que no y que se habían mantenido en relativo silencio hasta el momento. Leamos, por ejemplo, la nota que la editora de Diario Judicial publica hoy:

“¿Tiene que tener la Corte un medio de comunicación? ¿Tiene que invertir recursos en este emprendimiento un Poder Judicial que se la pasa reclamando más presupuesto? ¿Un Poder Judicial con juzgados abarrotados, con causas en el piso, con baños sin papel higiénico, con ascensores peligrosos y con algunos edificios que datan de los tiempos en que María Castaña tomaba Toddy cuando volvía del colegio; tiene que gastar plata en esto?
Y encima, no sólo gasta lo que no tiene sino que juega al periodismo y mete la pata. Muy suelto de cuerpo, ejerce la competencia desleal con todos los otros medios y periodistas que cubren información judicial, y que desde que existe el CIJ deben resignar primicias y fuentes en aras de la borrosa “política de transparencia informativa” que pregona la Corte.
Transparencia sería poner a disposición todos los fallos de todos los fueros, de todas las instancias, sin titulares que muestren lecturas e intencionalidades. Transparencia sería contestar preguntas, aceptar reportajes, poner a todos los medios interesados en un pie de igualdad a la hora de recibir información, sin que el CIJ tenga todo primero que nadie. Eso sería transparencia, no esto”.

 

No sé si la respuesta a la pregunta que formula Analía Zigler (¿tiene que tener la Corte Suprema un medio de comunicación?) debe ser afirmativa o negativa, pero sí creo que debería discutirse abiertamente, de forma transparente y que hasta el momento eso no ha sucedido. Las sucesivas decisiones se han ido tomando a fuerza de voluntad, empujando los cambios y eso es bueno, en un sentido, porque promueve la transformación de la estructura judicial. Pero el lado oscuro de la ecuación es que ese modo de proceder funciona en base a hechos consumados y ello genera resistencias en muchos de los actores. Cuando por una u otra razón, el sistema falla, los disensos salen a la luz. Obviamente, los sectores manifiestan sus intereses propios y no siempre les cabe la razón, pero la transparencia de la política comunicacional debe estar presente desde su génesis y ello implica una expresión más acabada del modelo adoptado, las razones tenidas para ello y la participación de los actores involucrados.

¿Cómo debe ser la información judicial?

Si, por una u otra razón, sostuviéramos -o al menos estuviéramos dispuestos a discutirlo- que es necesaria la existencia de una agencia de noticias, inmediatamente tendríamos que pasar al cómo. Ambas preguntas son casi inescindibles y condicionan la respuesta. A mi entender, la estrategia se concentra en la necesidad de llenar un vacío informativo y acercar el Poder Judicial a la sociedad, a través de los medios, pero no está claro el modus operandi. Veamos lo que escribía Mario Wainfeld, a raíz del exhorto suizo: “el CIJ es un buen servicio, un avance en la comunicación pública de los fallos, aunque a menudo su redacción tiene arrebatos de periodismo sensacionalista impropio de un medio de comunicación institucional”. Aquí la pregunta que se formula es acerca de la naturaleza de la información judicial: ¿debe responder a los cánones periodísticos habituales? ¿Debe tener criterios específicos? El límite no parece estar bien trazado y ha sido discutido varias veces por los periodistas de Página 12 (ver Las cuatro críticas que Página publicó en relación al CIJ, en Diario sobre Diarios).

Pero más allá de la legítima opinión que pueden tener esos periodistas, poco parámetro tenemos para evaluar lo que hace el CIJ. No hay un Manual de Estilo que sirva como parámetro para medir su accionar. ¿Cómo seleccionan las noticias? ¿Las editan o no las editan? ¿Son los jueces los que las redactan o son ellos? La respuesta que da su directora en la polémica y en el comunicado (“ponemos lo que los jueces nos envían”) parece o muy naive respecto de la efectiva labor de edición que un sitio como el CIJ ejerce o muy minimalista respecto de su rol. En otras palabras, si efectivamente son los responsables del contenido del sitio, su fuente de información son los jueces, pero es el CIJ el que titula, edita, decide lugares, etc. etc, respecto de las noticias judiciales que les envían. Si no son los responsables, y no ejercen de editores, el CIJ sería una mera cartelera descentralizada de los distintos juzgados en cuyo caso sería dudoso sostener la necesidad de su existencia y presupuesto.

Suponiendo que fuera cierto que los contenidos los deciden enteramente los jueces, existe un amplio terreno para la justificación. Sabemos que el lema “all the news that fit to print“, inmortalizado por el New York Times, suena muy bonito pero no se ajusta a las tareas de recorte de la realidad que los medios realizan. El CIJ hace lo propio y nos presenta un recorte de la actividad judicial. Sabemos que eso es así, lo que no sabemos es cómo lo hace. ¿Cuáles son los criterios que el CIJ o los jueces que envían las noticias toman en cuenta para seleccionar lo que se publica? El exhorto del caso Moyano entra en esta categoría, pero también lo hacen innumerables casos de la Corte Suprema de Justicia que teniendo importancia jurídica no son reproducidos en su página. Sí lo son, en cambio, los rechazos por art. 280 de los recursos extraordinarios interpuestos por acusados por delitos de lesa humanidad. Ahí hay una estrategia comunicativa que merecería ser explicitada.

¿Quiénes?

Filosóficamente, hemos ido recorriendo el camino que va del ser al operar y ahora nos lleva al agente. Aquí la pregunta que cabe hacerse, con todo respeto por la profesión, es la misma que se hacía Friedman respecto de la relación entre Derecho y sociedad y los abogados. ¿No es la comunicación institucional de la Corte Suprema algo demasiado importante para dejarlo en manos de los periodistas? Antes que nos lluevan piedras por la boutade, aclaremos los tantos. No es cuestión de periodistas, abogados (sabemos que Bourdin y Méndez llevan ambos sombreros), licenciados en comunicación o politólogos. Es cuestión de la lógica de actuación que debe estructurar la comunicación institucional de un centro de poder, con reglas propias muy específicas, como es la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Aquí es donde se necesita mayor sofisticación teórica, que exceda el mero manejo de medios y que dote de sustancia a la estrategia que la Corte Suprema quiere desarrollar en materia comunicativa. ¿Quiere la Corte Suprema acercarse a la sociedad? Muy bien, pero ello implica diseñar un mensaje que va más allá de poner, simplemente, más canales -supuestamente neutros- de difusión de esa información (algo de eso, discutimos aquí)

En otras palabras, la información judicial no se vende sola y traducirla a términos sociales es una tarea ardua, que requiere una estrategia sofisticada. ¿Está la gente a cargo actualmente del CIJ capacitada para desarrollarla? No lo sabemos, porque no ha habido ninguna discusión pública sobre sus antecedentes para el cargo. El proceso de nombramiento de personas como María Bourdin y Pablo Mendez, que hoy se encuentran en el ojo del huracán por su relación anterior con el grupo Hadad, fue decidido por la Corte Suprema sin un proceso en el que se conocieran los requisitos del cargo ni en el que compitieran en igualdad de condiciones con otros aspirantes. No estamos hablando aquí de las operaciones mediáticas que adoptan una visión conspirativa, sino de la concepción del cargo que ocupan. Bourdin, en un momento de su polémica con Ignacio Fidanza, le contesta:”lo desarrollé yo, lo diseñé con @pablomendez10 y llevé gente de mi confianza. Acaso te pregunto a quien contratas en tu portal?”. Nos preguntamos: ¿es el CIJ un emprendimiento privado o una agencia de noticias públicas? ¿No amerita un nivel de institucionalización y accountability mayor?

Lejos estamos de querer entrar en chiquitajes o sumarnos a la lógica que Gargarella enuncia en este post. Nuestra intención, más bien, ha sido la de  trascender la discusión política coyuntural y concentrarnos en lo que ella revela respecto del CIJ. Salir del detalle y mirar la foto panorámica. En este sentido, lo que el affaire Moyano muestra es una debilidad en los procesos de construcción institucional de la Corte Suprema, que con terreno liberado al frente parece haber querido correr antes de aprender a caminar. ¿Justifica esto los ataques? No, pero los explica y, lo que es peor, deja sin defensas a un organismo que debería estar más atento a fijarse y respetar reglas de conducta cuando entra a un territorio inexplorado. La transparencia informativa parece ser algo más complejo que la emisión de noticias y los reclamos que desde lugares diversos se le han hecho al CIJ en estos días, parecen atestiguarlo.

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Acerca de VTC

Valentín Thury Cornejo. Investigador CONICET/Flacso Argentina. Profesor de Teoría y Derecho Constitucional (UCA)
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15 respuestas a El CIJ y la transparencia informativa

  1. Me alegra que escriban sobre este tema, muy interesante la nota.

    Sin entrar a los hechos de este caso, me causa mucha gracia que los jueces, que siempre se oponen a la televisación de las audiencias invocando la parcialidad del periodismo, se consideren imparciales para brindar información sobre su propio trabajo.

    No creo que esto sea una politica de transparencia real por diversos motivos: a) sería inconsistente con la acordadada de la CSJN respecto de la publicidad de los juicios penales; b) dado el funcionamiento de nuestro poder judicial, no creo que haya pretensiones de mostrar transparencia en todos los ámbitos; y c) no podemos llamar transparencia a hablar de la profunda crisis de la justicia sin reconocer que sus operadores tienen algún grado de responsabilidad.

    Esto último se puede leer aquí (http://nohuboderecho.blogspot.com/2010/12/informe-sobre-el-poder-judicial.html)

    Saludos,

    AB

  2. Juan pablo dijo:

    Voy a hacer un comentario amarillo: el CIJ ES UNA PORQUERÍA.
    No solo que edita y selecciona noticias, sino que es ineficiente en la publicacion de los actos de gobierno del PJN, y cuando lo hace se limita a los fallos (generalmente repite aquellos que la misma CS publica en sus novedades). Publica en vivo el CIJ o brega la CS a través de él por alcanzar un mayor nivel de publicidad de audiencias importantes (alguna donde se firma un juicio abreviado importante, otras en las cuales se discuten recursos de casación o extraordinarios que interesan a la comunidad porque en ellos está involucrada una “política de estado” de esas que la CS elige sin consultar a los otros poderes del Estado? No. Pone blanco sobre negro la CS cuando saca un fallo muy importante como Arriola? No.
    Pero además, la ultima información sobre la publicidad de los nombramientos da una idea de lo cerrada que sigue siendo esta composición con relación al proceso para nombrar todos sus empleados. Con lo cual da directamente una señal pobrísima en términos institucionales.
    Slds
    Jp

  3. GerardoD dijo:

    No si el actuar de la agencia judicial fue del todo transparente o incontaminado, de hecho no he visto que publicaran todos los exhortos recibidos. Igualmente lo de Verbitsky no resiste mucho análisis, es falso que la noticia haya estado en la web solo 15 min ni que solo haya sido remitida a algunos medios. Yo como simple lector afiliado al CIJ, recibí el jueves el RSS con ese cable incluido como todo el mundo. Y tampoco la levantaron tras 15min como dijo Verbitsky; el lunes seguía estando en el portal. La critica de V. parece apuntar más vale a matar el mensajero o quedarse en la hojarasca, antes que analizar la noticia de fondo.
    En líneas generales el portal del CIJ me parece agil, informativo y en definitiva un avance, una herramienta util que antes no existía, sin ser un dechado de virtudes. No brinda todos los datos ni puede conformar a todos, pero brinda un panorama de las novedades judiciales diarias más importantes (que estarán sujetas seleccion obvio, como hace cualquier agencia de noticias).
    Tampoco es atendible imputarle al CIJ todas las fallas institucionales de la estructura del Poder Judicial.
    Al menos para refutar lo dicho en otro comment sobre el fallo Arriola, señalo que mereció en su tiempo la publicación en la portada del CIJ de un video con una memorable intervención de Zaffaroni al respecto. Y constantemente es mencionado y citado en los periodicos cables que publica sobre fallos relativos a estupefacientes en las distintas jurisdicciones del pais.

  4. MonicaB dijo:

    Interesante diagnóstico Valentín, gracias! es una crítica cruda y muy oportuna con la que acuerdo en cada punto. No puedo evitar preguntarme cosas del chiquitaje ¿dónde están los verbitsky, spolzky y fidanzas ante el desparpajo militante de la agencia estatal Télam? que de agencia de noticias (del Estado, no del gobierno! pagada por todos) se transformó sin disimulo en centro de propaganda partidaria? ¿A Télam no le deberíamos aplicar este mismo parámetro con el que criticamos al CIJ? Y otra cosa más visceral: “el CIJ trabaja para desestabilizar al Gobierno” …no será mucho, Verbitsky?

    Saludos. M.B,

  5. J.S.C dijo:

    Una nota excelente. Me encantó. Opino lo mismo respecto de esos antros cuasi informativos con tinte de independencia. dejo una reflexión; ¿puede el órgano informativo de la Corte ser independiente si la Corte no lo es?.
    Saludo
    J.S.C

    • alejandro freeland dijo:

      Sí al CIJ. Sí a lo que le de en gana, y como le de la gana, publicar a la Corte en su órgano de difusión. Doy gracias al CIJ por haber podido conocer por su intermedio, una noticia de evidente trascendencia institucional. Ojalá que muchos jueces, del mundo entero, encuentren caminos para investigar las corruptelas de nuestros impresentables, todas las que aquí se ocultan, disimulan y, de ese modo, estimulan. Entre penoso y patético resulta ver cómo cada vez que alguien informa de algo o dice algo que no coincide con el discurso único y pretendidamente benéfico del gobierno y de sus talibanes, los sedicentes únicos defensores de la verdad, del bien (y de los derechos humanos) se lanzan como escualos hambrientos a la garganta del que piensa distinto (y que además tiene razones para pensar distinto). Lo peor, es que las exaltadas bestias ganan. El exhorto ahora dormirá en un cajón de la Cancillería un sueño que no es de los justos, para zozobra de todos y dolor de la República.

      • Alejandro:

        Me parece un poco amplia tu impugnación. Yo no coincido con lo que dijo Verbitsky; soy miembro de un organismo de derechos humanos; no soy oficialista ni talibán; ni me lanzo contra la garganta de nadie.

        Pero también tengo derecho a desconfiar —no de censurar— de la información del menos transparente de los poderes, especialmente teniendo en cuenta que siempre se muestra reticiente a toda exposición pública.

        Saludos,

        AB

  6. A.F.G. dijo:

    Muy buena nota. Realmente, excelente. Como también lo son algunos otros comentarios. Pero ¿qué se quiere decir con “acercar a la Corte a la sociedad? Porque vengo escuchando seguido esa frase … Sea lo que fuere, ¿ese acercamiento debiera ser de la Corte o del Poder Judicial? ¿es eso tan prioritario para asignar recursos escasos?

  7. VTC dijo:

    Estimados todos: muchas gracias por sus opiniones y aportes, que van completando el sentido del post. Es un tema complejísimo, porque como diría nuestro viejo amigo Aristóteles se cruza la poliica agonal con la arquitectónica. Yo intenté usar los acontecimientos de la primera para hablar de la segunda y no sé si lo logré del todo, porque es difìcil caminar cerca del barro sin mancharse. A uno se le salta la térmica fàcil y se mete a la pelea. Deliberadamente, intentamos evitarlo.
    Dicho esto, con el CIJ ¿estamos mejor o peor que antes? Yo creo que mejor pero recordemos que veníamos de la nada absoluta. ¿Eso lo desmerece? Para nada, pero invita a la pregunta respecto de nuestro nivel de exigencia respecto de las instituciones. Pasar de la nada que mencionamos antes a una agencia de noticias hay un salto oceánico que no sé si en muchos lados se puede dar (y tambièn está en duda si es necesario darlo). Este caso, me parece, muestras las costuras apresuradas que hay que intentar cuando las ambiciones son muchas y los recursos escasos. Los porrazos pueden estar a la orden del día y a tomarse las cosas con calma e ir paso a paso, con una construcción institucional segura, es el objetivo al que apuntaba el post.
    Acercar la Corte a la gente significa, para mí, hacer que esta sea una institución relevante en la vida politica concreta, que sea vista como constructora del discurso constitucional y freno efectivo a los desvíos de poder. No lo es si es una institución distante y aficionada a las intrigas palaciegas. Tampoco lo es (porque sería infiel a su diseño) si se lanza a las multitudes. Entre una y otra postura está el acercamiento correcto y una buena política de comunicación es esencial para lograrlo, porque la técnica jurídica invita al diálogo de expertos y la necesidad de legitimación política de la Corte requiere apoyo de una sociedad más amplia. Hablarle a los dos públicos es complicado y ahí reside el secreto de un posible éxito.
    El tema da para mucho más, disculpen la brevedad.
    Abrazos.

  8. Lucio dijo:

    Muy buen artículo.
    Voy a lo que dice en su comentario AFG y apunto a la pretensión de la Corte de estar más cerca de la sociedad.
    Entré hace menos de un año al Poder judicial de la Provincia de Buenos Aires, y cada día me convenzo más de que la mejor forma de estar cerca de la sociedad para la justicia es actuar rápido, en escala humana y medianamente justa.
    Teniendo esos tres parámetros ajustados todo lo demás son detalles que se mejoran, pero mientras un juicio cualquiera tarde cinco años en decidirse no habrá cercanía posible.

  9. hector felix dijo:

    Si es cierto que la CIJ se limita a difundir los actos de los jueces, debería hacerlo con mayor rigor, para una oficina de información judicial de la CS. la primicia no existe, no puede manejarse como una agencia de noticias

  10. Félix Crous dijo:

    Felicitaciones por la nota. Y Celebro que abogados de la talla de AF y AB se sumen al debate. Estoy más cerca de HV y MW que de las críticas que se le dirigen. El CIJ edita información sesgada ¿vieron algo sobre la destitución de Miret? El nivel de tratamiento técnico de los temas penales es paupérrimo (“robo de beés” niños desaparecidos llamados “adoptados” con una agenda que parece seguir a los demás medios y no un cirterio propio. Párrafo aparte merece el haber SUPRIMIDO los comentarios críticos -me consta- mientras publicaba los comunicados de solidaridad del partido opositor llamado AMJN, entre ellos el que toma posición sobre el conflicto CGT-CLARIN, con la excusa del incumplimiento de la sentencia judicial. Una última pregunta, que juro no es retórica ¿puede la directora no concursada del CIJ involucrarse personalmente en las polémicas sobre el organo que dirije, impugnando medios privados y sus periodistas, cuando es una funcionaria pública que comanda una “agencia” de noticias pública? Ya sé que ningún periodismo es neutral, pero éste debería ser el que más intente serlo. ¡Felicitaciones nuevamente!

  11. Santiago Felgueras dijo:

    Interesante la nota y los comentarios. Entro un poco tarde al intercambio.

    Contrariamente a lo que dice Bovino (¿cómo va, Alberto?), me parece que la estructura judicial no es intrínsecamente incompatible con la transparencia, al menos no en el grado extremo que plantea Alberto (aunque es cierto que tiene muchos componentes humanos, estructurales, de usos y costumbres, y de atrasos tecnológicos que militan en ese sentido –entre los que nos contamos, Alberto, como abogados, aunque no lo sepamos ver). Pero yendo al tema del post, hay que pensar que el CIJ se parece más que nada, en su actual funcionamiento, a una oficina de prensa o servicio de noticias, por lo que no supone, por sí solo, una reforma estructural del poder judicial ni la realización de cambios significativos, sino sólo difundir algunas de las cosas que pasan. Visto así me parece que es mejor que exista a que no exista, y, la verdad, en su corta vida me parece en general útil. Viene a cumplir la doble tarea de difundir los fallos relevantes entre los abogados y hacer de oficina de prensa (lo que antes se hacía a través de la sala de periodistas), para que los medios accedan a lo que pasa en el poder judicial en un lenguaje accesible y con el fallo decodificado (un poco lo que buscó diariojudicial.com, que tuvo muchas veces rebotes en los medios). En mi experiencia, son muchos los fallos que me interesan que llegaron a mi conocimiento a través del mailing del CIJ y que bajé directamente del link que viene en el correo. Y por lo que uno ve, también los medios de comunicación se sirven del CIJ. Pero para que el Poder Judicial sea transparente hace falta mucho más que el CIJ, aún en una versión mejorada y ampliada (en esto supongo que coincidimos con Bovino).

    VTC dice en un comentario que el CIJ le habla a dos públicos a la vez (y comparto en general las dificultades que él plantea y el sentido de ese comentario), pero a mi me parece que en realidad le habla por un lado a los abogados (aunque en general si el tema nos interesa vamos directamente al fallo), y por otro lado a los medios de comunicación (y creo que este es quizá el principal objetivo, así como está el CIJ hoy); pero le habla muy poco al “público en general”, por llamarlo de algún modo, que difícilmente se de de alta en el CIJ o sepa siquiera que existe. En este punto, el CIJ tiene que contar con la intermediación de los medios de comunicación, que son los que conocen al público y saben cómo acercarle la noticia de un modo que atraiga la atención (virtud en general maltratada por abogados y jueces). Lógicamente que la intermediación no es “gratis” en términos de sesgos, utilización política, etc., pero tampoco se puede pretender jugar el partido y relatarlo al mismo tiempo.

    Una digresión: Ese “sensacionalismo” del CIJ del que habla MW, si es que existe, posiblemente no esté dirigido a atraer al público, sino que tenga como principal propósito “venderle” la nota a los medios, para que la levanten y republiquen (parecido a lo que ocurre con los títulos humorísticos y los juegos de palabras de diariojudicial.com). En este tema, hay una lógica a la que es difícil de escapar: si creás un servicio de noticias, ponés periodistas allí -seguramente bien pagos-, los largás a funcionar, y luego nadie levanta las notas del CIJ, es un fracaso de la iniciativa y un fracaso personal de los que la desarrollan. Conclusión: Según esta lógica, el CIJ debe “vender” sus notas a los medios, para alcanzar el impacto que se busca, y para eso hay que mostrarles cómo pueden “vender” cada nota al público (el gancho de la noticia). Es posible que esto no sea lo ideal en un medio institucional, pero hay que darle horas de vuelo a la CS para que busque el equilibrio entre una agencia leguleya y aburrida y una agencia que atraiga la atención y facilite el trabajo de los medios de comunicación.

    En cuanto a la posible falta de “objetividad” del CIJ que plantea Félix Crous (o directamente que haga operaciones de prensa, como se lo acusó), no lo sigo lo suficiente como para opinar (sólo abro los mails que me interesan según el título, y en general voy directamente al fallo). Pero en todo caso es un tema más amplio, más complicado, y me parece que su discusión pública se inició en un caso poco favorable para debates esclarecedores (la virulencia del comentario de A F. que rebate Bovino lo demuestra, según creo; y también lo demuestra que la discusión no giró demasiado en torno a la correlación entre lo que se difundía y lo que ocurrió –dicho sea de paso, la CS luego dijo que el relato del CIJ era inobjetable- sino en torno a detalles menores, o a los argumentos de uno u otro lado, y hubo también muchos argumentos ad-hominen, cayendo en la retórica propia de las batallas mediáticas de los binomios Gobierno/oposición y Gobierno/Clarín, binomios que por momento se diferencian y por momentos parecen una misma y única antinomia). Así y todo, comparto con Félix que al ser una agencia institucional debe estar especialmente atenta a los sesgos que voluntaria o involuntariamente puden influir en su trabajo.

    Santiago Felgueras.

  12. VTC dijo:

    Hola, Santiago, muchas gracias por tu aporte, balanceado y completo. Me quedo con lo que desarrollás en el tercer párrafo: la necesidad que tiene la Corte de “venderles” su noticia a los medios vis a vis la conveniencia de una información seria y más objetiva. Ahí hay tomada una decisión estratégica respecto del horizonte temporal: corto o mediano/largo plazo. En efecto, si yo tengo que “venderle” las noticias a los medios, me someto a la lógica con la que se mueven y les ofrezco el producto que pueden digerir (de acuerdo a las reglas de noticiabilidad). Los resultados, en esta línea de pensamiento, pueden ser inmediatos y, de hecho, lo han sido, ya que los medios han levantado más notas judiciales que las que estaban acostumbrados a incluir en sus decisiones y en general lo han hecho con el encuadre del CIJ. El problema con esto es que yo, Corte Suprema o Poder Judicial, cambio para que los medios me incluyan, pero los medios no cambian para adecuarse a mi modo de actuar.Para esto segundo, es necesaria una política comunicacional más compleja, que vaya creando la demanda de información judicial más seria y con capacidad de análisis. Si no se logra esto último, el proceso es ficticio porque los medios terminan siendo “clientes” del CIJ, transmiten sus noticias, pero pierden capacidad de generar dialogo social. Todo esto que digo presupone que hay diferencias profundas entre lo que podríamos llamar la “lógica judicial” y la “lógica mediática”, y que hay necesidad de un diseño de política comunicacional que dé cuenta de esto. Coincido con vos en que hay que darle tiempo al CIJ y que no se le puede exigir todo ya, pero estoy convencido que no está teniendo en cuenta esta segunda dimensión a la que me refiero. La estrategia de la Corte, me parece, es exclusivamente cortoplacista y de difusión.

  13. Santiago Felgueras dijo:

    Yo no creo que la lógica de los medios y el objetivo de dar información “seria y más objetiva” sean contradictorios en lo esencial, ni siquiera que se contrapongan demasiado. Los medios necesitan simplificar la información y encontrarle el gancho a la noticia, para poder presentarla de forma atractiva al público (esto incluye que tenga algo que interese, que no sea demasiado largo, y que no sea demasiado intrincado; esto en parte depende de la habilidad del periodista y en parte de cuánta agua puede sacarse de cada piedra).
    La corte presumiblemente no quiere difundir entre el público la totalidad de los fallos, sino sólo los fallos que considera de interés público.
    Entre estos dos criterios de selección de fallos publicables (según los medios y según la CS), hay una zona de coincidencia: fallos que a criterio tanto de los medios como de la CS son de interés (por ejemplo, fallos vinculados al aborto, a la libertad de expresión si hay personajes conocidos, etc.). Pero hay también una zona donde no es fácil convertir a los fallos en una noticia de interés según los criterios del diario, por lo que aunque a la CS le interesaría difundirlo, no hay un interés espontáneo de los medios en hacerlo.

    Me parece que el CIJ busca simplificar el trabajo de los medios en la zona de coincidencia (esto incluye avisarles del fallo y dárselo ya con un enfoque periodístico, al estilo de las agencias de noticias tradicionales), y en este punto no necesita demasiado sensacionalismo ni “vender las noticias”, a menos que la CS esté buscando más protagonismo que el que naturalmente es esperable del Tribunal. Basta con que tenga una relación bien aceitada con los periodistas especializados y los editores pertinentes de los principales medios (sobre todo en el actualidad, en la que si una noticia se instala en los sitios web informativos, al día siguiente está en todos lados).
    En cuanto a los fallos de interés público a los que es difícil convertirlos en una noticia atractiva, la tarea del CIJ es más difícil, y habría que pensar si la CS tiene alguna posibilidad de influir en la lógica de los medios por esta vía, o si tiene que tener otras estrategias de difusión, otra forma de intermediación. Por otra parte, el espacio en los medios para las “noticias judiciales” es limitado, y los medios prefieren difundir un fallo sobre un gordo que se patinó en las escaleras del supermercado y le aplastó el perro a una señora antes que el fallo Casal. Y esa lógica, para los “fallos sin atractivo natural”, es muy difícil de vencer.
    En cuanto al análisis y al diálogo que vos mencionás, me parece que es una etapa posterior, en la que la Corte no debería pretender influir demasiado al difundir la noticia, sino por otras vías (y esto dicho sin dejar de ver que al difundir una noticia naturalmente se puede proponer al mismo tiempo una interpretación o punto de vista). Por otra parte, la agenda de los medios en este punto es bien distinta, sobre todo en los fallos de trascendencia política, donde todos, los protagonistas y muchas veces también lo medios, tratan de sacar provecho de la información. Pero si la CS asigna al CIJ la función no sólo de difundir la información, sino también de tratar de instalar la interpretación y las discusiones posibles referidas a esa información, entonces el CIJ es otra cosa, y requiere de algo más que de periodistas provenientes de medios de comunicación con oficio en lo suyo. Pero, por otra parte, si es verdad que el CIJ sólo retransmite lo que le envían los diversos tribunales, hay que ver cuánto de lo que se publica proviene del CIJ, y cuánto es puramente retransmitido (lo que implicaría que esas decisiones son tomadas directamente por los jueces intervinientes).

    Santiago Felgueras.

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