El cristal de Zaffaroni

por VTC

«Y es que en el mundo traidor, nada es verdad ni es mentira; todo es según el color del cristal con que se mira» (Ramón de Campoamor; 1817-1901).

Luego de alguna entrevista (Página 12), varias declaraciones y muchas muestras de apoyo (algunas espontáneas, como ésta, y otras más orgánicas, como ésta), Eugenio Raúl Zaffaroni tuvo su acto de apoyo en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la UBA. Allí el pasado jueves 11 de agosto, el Ministro brindó su interpretación de los sucesos que lo tuvieron como protagonista, calificando todo el episodio como un intento de “lapidación mediática”.  De este modo procura darle un marco téorico y conceptual a este caso pero, como suele suceder, éste dista de ser neutral. Escuchando (o más bien, leyendo) su discurso veremos si los conceptos que usa resultan adecuados para caracterizar su caso. Y si no lo son, intentaremos comprender los motivos por los que los utiliza.

Empecemos por el concepto central de su argumentación: la lapidación mediática. No he encontrado elaboraciones téoricas del mismo, aunque sí algunos antecedentes de uso por parte de personas públicas acusadas de delitos (el Ministro francés E. Woerth o el psicólogo J. Corsi, por ejemplo). En el caso de Zaffaroni parece más bien la adaptación de la lapidación desarrolllada en los escritos de  René Girard (a quien el Ministro cita), a un contexto mediático donde la realidad se construye (referencia aquí a Berger & Luckmann). La utilización del concepto sitúa ya a ERZ en una posición determinada: la de víctima (posición en la que él afirma que no quiere perpetuarse) y no una víctima cualquiera, sino una inocente. Porque para Girard, la lapidación es una de las formas de ejecución del chivo expiatorio, que es aquélla víctima que carga sobre sí las tensiones sociales y a través de su ejecución contribuye a extirpar las divisiones violentas y a conseguir la unidad social. La figura paradigmática del chivo expiatorio es, en la obra de Girard, Jesucristo, el “cordero sin mancha”.

Llevar esta referencia de la teoría del escritor francés a sus últimas consecuencias es seguramente exagerado, porque la mención que Zaffaroni hace de su obra no deja de ser colateral. Pero el símbolo que toma, no lo es, y tiene un sentido discursivo preciso. La idea de “lapidación mediática” le permite asumir el papel de víctima y, al mismo tiempo, crear un colectivo lapidatorio. Los que arrojan las piedras, a pesar de las distintas motivaciones que ERZ les reconoce, actúan conjuntamente a través de un instrumento: la prensa amarilla. Según el discurso, muchos son los agresores (se mencionan hasta doce, comenzando por la ONG denunciante, llegando a “personas ideológicamente enfrentadas” y pasando en el medio por “profesionales que envidian abiertamente su prestigio y conocimiento”). Pero su táctica, según el Ministro, es ineficaz por dos motivos: por el perfil del agredido (“es más difícil golpear a una víctima cuando ésta tiene perfil transgresor”) y por la manifiesta ineficacia del instrumento utilizado (“una ilusión puede llegar a tener éxito, pero una alucinación nunca puede tenerlo”).

El discurso abunda en el análisis de las circunstancias fácticas, que se reconducen a esta estructura central. El “relato” -según la expresión tan cara a ciertos sectores intelectuales- es el de una víctima sometida a la violencia de sus lapidadores y, en este sentido, resulta funcional a ERZ porque presupone su inocencia. Pero todo este razonamiento, muy sugerente e ilustrado por cierto, tiene dos presupuestos fuertes: la voluntad de eliminación de la víctima (objetivo de la lapidación) y el actuar conjunto de los lapidadores, tirando piedras sobre un sujeto indefenso. Creemos que ninguna de estas dos circunstancias se han producido. ¿Se ha querido “eliminar” a Zaffaroni? Lejos de ello, los protagonistas principales (ONG, medios, periodistas, políticos, etc.) han intentado, en general, tratar el tema desde una perspectiva institucional, han respetado el prestigio del Ministro y su investidura como juez de la Corte Suprema, y han mantenido las formas. Solamente en los márgenes se podría afirmar que hubo un tratamiento “amarillo” del tema o “que se pidió la cabeza de Zaffaroni”, pero ellos han sido excesos y no la regla general.

Si la voluntad de eliminación no es preponderante, el marco conceptual de la lapidación pierde fuerza explicativa. Desde su proceso de nombramiento, las opiniones sobre ERZ han estado divididas y son estos pareceres sobre su accionar los que se han manifestado en este caso. Zaffaroni, como él mismo lo reconoce, tiene un perfil transgresor y maneja códigos respecto de la actividad judicial que son distintos a los de los restantes jueces (alta exposición pública y mediática, contactos con políticos, etc. etc.). El affaire de sus departamentos ha ido, justamente, al centro de esta cuestión. ¿Afecta este caso el decoro de la función judicial? ¿Debe ERZ como juez de la CS mantener un estándar para la administración de sus bienes personales más alto que el de la media? ¿Debe brindar explicaciones a la sociedad por su accionar? Estas son algunas de las preguntas que han estado en el candelero y que los protagonistas han traducido en pedidos de explicaciones al Ministro. ERZ fue bastante remiso en darlas ya que, como sabemos, las víctimas no deben darlas. Interpretar esta dinámica en términos lapidatorios suena al menos exagerado.

La segunda razón por la cual el concepto de “lapidación mediática” es problemático en el intento de ser aplicado a este caso, es por la conformación del sujeto lapidador. ERZ reconoce la pluralidad de motivaciones en los actores que cita como lapidantes y reconoce la exigencia de un “empresario moral” que convoque a la misma. No lo nombra y ello deja en un cono de sombras la articulación del sujeto. Vuelve al tema al hablar de la prensa amarilla, a quien presenta como instrumento del ataque. Pero este instrumento, como bien sabemos, no es un elemento inerte (ni que sea utilizable asimilándolo a uno), sino que es un sujeto activo. En este sentido, ¿funcionan acaso los medios como elementos homogeneizadores del ataque? ¿Cumplen ellos el rol de agente moral, dandóles consistencia subjetiva a una pluralidad de intenciones de muy diferente rango? Difícil pregunta, que el discurso y el concepto de “lapidación mediática” dejan sin responder, aunque el sí sería una respuesta factible. Para profundizar en la comprensión del modelo, analicemos entonces esta posibilidad…

¿Han actuado los medios como un colectivo? Sí y no. Pueden actuar como un colectivo, en la medida en que responden a una lógica conjunta. No suelen actuar así porque se pongan de acuerdo en una acción conjunta (v.gr: perseguir a un Ministro de la Corte Suprema). Es la diferencia entre responder a los mismos incentivos y actuar en consecuencia, que en pactar hacerlo. ¿Por qué es importante esta distinción? Porque pone en cuestión todo el concepto de “lapidación mediatica”, en lo que hace a la intencionalidad requerida para llevarla a cabo. Los medios forman parte esencial de la esfera pública contemporánea y la conforman, pero su comportamiento obedece más a su lógica de funcionamiento que a la personalización de una voluntad. Esto se discutió, en este caso, bajo este formato: ¿es noticia que Zaffaroni posea inmuebles donde se ejerce la prostitución? Los que sostienen la personalización de la intención de los medios vieron en su publicación motivaciones interesadas (de las que se nutre el discurso lapidatorio); en cambio, los que analizan la lógica de los medios vieron solamente un hecho que reunía las características, de acuerdo con los incentivos del mercado periodístico, para ser noticia -lo que en estudios de la comunicación se llama “noticiabilidad”-.

El entorno mediático tiene múltiples actores que responden a una lógica de funcionamiento semejante pero que a la vez se distinguen en sus enfoques, posicionamiento ideológico, poderío económico, estilo, penetración en el público, etc. Entender, desde lo mediático, casos como el de Zaffaroni requiere de otro tipo de instrumentos, que expliquen el rol de los medios en el sistema social. John B. Thompson, por ejemplo, ha realizado ese ejercicio, resaltando la centralidad del escándalo político en la vida pública actual. Este fenómeno se edifica sobre una caracteristica estructural de la modernidad: la difuminación de los límites entre lo público y lo privado, que produce lo que él llama una “nueva visibilidad”. Los límites no son iguales ahora que antes, y esa es una de las cuestiones que Zaffaroni elige ignorar al tratar esta cuestión como una “meramente privada” o “como un problema de consorcio”. Los problemas de consorcio, si son de un juez de la Corte, es probable que pasen a ser cuestiones públicas y entren en la lógica mediática. Innumerables ejemplos de la prensa amarilla y no amarilla en países con una larga tradición de periodisimo serio y auto-regulado, así lo atestiguan.

La “victimización” de Zaffaroni elude el debate acerca de los deberes del juez y del perfil que la Corte Suprema requiere. O, diríamos mejor, al rehusar dar explicaciones circunstanciadas, ERZ asume una división entre esfera pública y privada determinada. Para lograrlo, elige situarlo en un marco que ha probado su efectividad en la política actual: el de la construcción del enemigo mediático. Así, el victimario sin escrúpulos actúa sobre la víctima indefensa. Pero lo que la realidad y el discurso de ERZ demuestran es que esta “víctima” está lejos de estar indefensa. Antes bien, tiene garantías institucionales que lo protegen (inamovilidad que cae solo ante el juicio político, de muy improbable éxito), tiene capital simbólico y tiene aliados políticos y académicos. Zaffaroni está lejos de la imagen de un lapidado, sólo ante la turba enfurecida. ¿Por qué usar la imagen de la “lapidación mediática”, entonces? Su potencia retórica es indudable y, sin duda, esta es una razón poderosa. Pero, además, su uso tiene otras funciones adicionales: lo exime de dar explicaciones exhaustivas (sólo probar que no se puede probar su intención dolosa), evita el debate sobre el lugar del juez y empalma con el relato sobre la construcción mediática de la realidad.  Para decirlo con otras palabras, Zaffaroni asume su calidad de víctima y con ella disfraza lo que en realidad es una toma de posición en un debate actual de la sociedad argentina. Entre el marco que dice “este es un problema acerca de las calidades individuales que debe tener un juez” y el que dice “acá se juega la construcción de la realidad por parte de los medios”, ERZ opta por el segundo y al hacerlo, neutraliza el primero. Pero no lo hace gratis, porque pone a todos los que propusieron ese debate en el rol de lapidadores.

No quisimos entrar en esa dicotomía porque no teníamos claros los esquemas interpretativos en juego y por ello no emitimos opinión antes sobre este caso. Ahora que Zaffaroni ha explicitado su postura, hemos creido relevante analizarla y ver cuál es el marco con el que un Ministro de la Corte piensa la realidad jurídico-política y los límites de su función. También lo es constatar cuál es su interpretación del modo en que los medios construyen la realidad. Y, debemos decirlo, su interpretación es maniquea, porque estigmatiza las expresiones que considera contrarias y les otorga una intencionalidad maligna sin ser consciente de que los medios asumen el lugar de un foro publico donde los sucesos políticos se construyen. Zaffaroni también participa de ese foro público, ha expresado sus opiniones y ha encontrado una cantidad muy importante de personalidades académicas y políticas, así como público en general, que han salido en su defensa. No es Zaffaroni contra los lapidadores mediáticos, sino que es él usando los medios para emprender una batalla simbólica contra los que cree que lo atacan (a través de los medios). Un breve repaso a la prensa del último mes puede dar cuenta de las interpretaciones cruzadas que hubo sobre el caso, de la falta de acuerdo interpretativo y de la casi nula (si alguna) voluntad lapidadora.

Para lapidar se necesita intención de eliminar. Como en el cuento del escorpión y la rana, aquí las acciones obedecen más a la naturaleza de los actores -de su lógica de funcionamiento- que a intenciones conspirativas o intentos de figuración mediática. Por otra parte, asimilar la diversidad de voces que requirieron explicaciones de Zaffaroni- algunas llegando a pedir la renuncia (escasas), otras pidiendo el tratamiento en la Comisión de Juicio Político- trasluce poca sutileza analítica. Los medios son uno de los ámbitos principales en los que se desarrolla la esfera pública actual, que por definición es plural. En ella se han dado los debates y múltiples voces se han hecho escuchar. El Ministro ha usado los medios tanto como sus supuestos detractores. Ello no quiere decir aceptar su funcionamiento perverso, pero no es éste, a nuestro criterio, el comportamiento preponderante que ha tenido. Hay sucesos desafortunados que desencadenan procesos sociales que hay que asumir con la responsabilidad del cargo que se ocupa. Refugiarse en el victimismo heroico ayuda poco a las instituciones y menos lo hace la demonización de los que proponen un debate, basado en hechos que, en lo medular, son ciertos. Hubiera sido bueno, en ese sentido, que Zaffaroni diera sus explicaciones a la sociedad entera y no se limitara a pronunciar un “discurso” en un entorno amigable.

20 comentarios to “El cristal de Zaffaroni”

  1. Es un placer tener la posibilidad de leer un análisis agudo (en especial desde un enfoque poco común a los abogados), generosamente erudito (que señala los caminios que el curioso puede tomar), y con la seriedad y el tono que el tema amerita (y que permite un dialogo genuino). No quiero llevarle la contra pero me parece que ha sido usted lapidario.

  2. Gracias Valentín, efectivamente fuiste lapidario, pero con una lucidez que muchos periodistas quisieramos tener y que muchos “opinólogos” presumen de tener pero que esta vez se sumaron a la ola del “victimismo heroico”, es la salida cómoda y fácil en la que se refugian muchos respecto de este tema, no solo ERZ. Una pregunta ¿creés que la opción que eligió Zaffaroni fue ingenua, por desconocer la lógica de los medios, o fue claramente intencional? Gracias :)

    • Pregunta díficil, Mónica. Creo que él piensa el tema en el marco que gran parte de la sociedad argentina lo hace, o sea, en una especie de batalla cultural contra los medios. El elige insertarse en esa dinámica y poner su caso como un ejemplo. Parte de lo que dice es verdad, muchas partes son trazo grueso y eluden las matizaciones y diferencias. En conjunto, es una perspectiva que lo deja cómodo en su papel de víctima. Ese papel, sin embargo, obedece a una falta de comprensión de muchas de las motivaciones de los que él considera sus lapidadores. Al no poder (o no querer) discernir la legitimidad de muchos de los reclamos, la reacción lógica es sentirse víctima de algo o alguien que no comprende. ERZ, luego, intenta entender y explicita sus hallazgos en la construcción que analizamos en el post. Pero lo hace tratando de racionalizar su reacción inicial y con una especie de consigna de combate: “no retroceder”. Acceder a discutir algunas cuestiones de lo que él considera su vida privada sería perder la batalla. El único recurso que le queda, entonces, es atrincherarse y victimizarse, sin dar el brazo a torcer.
      Dicho esto, creo que en su racionalización ERZ usa herramientas teóricas poco aggiornadas, que no dan cuenta del funcionamiento de los medios en el sistema político ni de cómo ellos podrían contribuir a un proceso de lapidación (proceso que, por otra parte, Girard califica como propio de sociedades arcaicas y que, por lo tanto, es ya de compleja traducción en la situación contemporánea).

  3. Ciertamente cuánto interesante y erudito el análisis, y cuánto solidario con el “curioso” dispuesto a ilustrarse sobre ese ejercicio de inteligencia que materializa; que, insisto, es aplaudible y de gustosa lectura.-
    Mas, no porque sea el de quien es, paréceme el “caso” menos liso y llano y franco y elocuente de lo que simple y directamente es. Envés, por ser el de quien es (ministro de la CSJN), siendo lo que es (sus suyos propios departamentos alquilados usados para la práctica de la prostitución), es que es “lapidario”, y al que le huelgan más interpretaciones. Cuánto más si el señor ministro cortesano se reconoce de “perfil transgresor”, llevándolo a efecto a su impar modo.-
    Dice Ingenieros que “lo que se dice, no lo que se hace”, es la mentira. Y dicen que los estoicos gustaban de llamar las cosas por su nombre. En la vez, si así procediéramos, no dudo que ni siquiera Cicerón opondría queja (por aquella carta en la que lo habría hecho hacia esa mejor costumbre estoica). De más permanezco convencido, que Cicerón aplicaría todo su “Sobre los Deberes” al caso, tornándolo inmediatamente en otro de los pasados e “históricos” de nuestros (lamentables) hombres públicos.-
    Para Vives “… es tanta nuestra estulticia , que esperamos poder ocultar aun lo que está a la vista de todos. Por eso, cuando se propala lo que se ve, la llevamos a mal, como decepcionados y privados de lo que nos consta que saben todos que no poseemos”. Por eso nos incita -siempre he sentido que lo hace- a que llamemos “… al cojo, cojo; al tuerto, tuerto; al giboso, giboso”.-
    De los del oficio, ocasión de memorar a Calamandrei (ya que de “jueces” se trata), en su “pecado grave en el juez es la soberbia; pero es acaso una enfermedad profesional”. No consintamos que sus efectos se vuelvan epidemia; también por aquello de Don Piero recordándonos a jueces y abogados no ignorar “…que abogacía y magistratura obedecen a la ley de los vasos comunicantes; no se puede rebajar el nivel de la una sin que el nivel de la otra descienda exactamente lo mismo”.-
    Si, según Bustamante Alsina, el “paradigma del valor justicia no se alcanza fuera de la moral y con desprecio de lo esencialmente humano, subestimando lo más valioso que el individuo posee: la conciencia”, pues no le hagamos traición a ella y seamos estoicos, es decir, llamemos a las cosas por su nombre.-
    Cualesquiera fueran las “calidades individuales que deba tener un juez” (cual si fuéramos ignorantes de al menos cuales las mínimas), confiemos que de el pinet el reemplazante.-

  4. Lo cierto es que, a cualquier mortal de los que no estan sentados en el sillón de Zaffaroni.. seguramente no hubiera zafado…-Me pregunto, acaso no es verdad que obtiene rentas de sus propiedades destinadas a prostibulos… Que hubiera pasado si lo mismo se hubiera difundido sobre el jefe de gabinete? Resulta cínico hacer una exposición y una defensa pública, de lo que es notoriamente imposible justificar. No me gusta su pose de prócer, no se la creo.. él parece que sí…

  5. Me sumo al debate sobre si la de Zaffaroni fue una salida ingenua para agrgar q a mi juicio la defensa que eligió no fue la correcta. Porque lo hizo en términos leguleyos como buen abogado que es y aún la embestida en su contra terminó diluída en cuestiones de moral, ya que lamentablemente, la trata no es un delito perseguido por degradante que sea.
    Estimo que la más elegante hubiera sido una salida política, como un hombre de acción, de armas tomar. Menos victimización y acudir de un salto a la inmobiliaria, retirar el manejo de sus propiedades, hablar con su contador y verificar el estado de las cuentas, establecer si conviene una denuncia contra los que administraron sus deptos y lo pusieron casi en ridículo y sobre todo… dirigirse a cada uno de ellos y a los inquilinos que estuvieren ‘flojos de papeles’, de punta y a la calle!
    Al menos una acción directa contra la prostitución en sus propiedades, ya que aún no podemos erradicarla de la sociedad.

  6. Excelente análisis. Lo que hizo Zaffaroni es lo que le recomendó el kirchnerismo. Su kirchnerismo. El de su “proyecto político” Amado Boudou a quien aconseja y hasta defiende en una causa penal federal. La manera más fácil de esconder un delito-irregularidad o falta al decoro, es en estos dulces tiempos heroicos, adjudicándole al periodismo la culpa de lo que ha sucedido. ERZ no eligió esa estrategia. Se la vendieron llave en mano. Le dieron el discurso, la manera de difundirlo y así se blindó. Aún queda pendiente una explicación seria de alguien que debería darla.

  7. El presunto proxenetismo es gravísimo, pero no es la única cuestión que quedó a la luz. No soy experto en impuestos, pero cualquiera sabe que si uno tiene varios departamentos, o si el alquiler supera cierto monto, hay que emitir factura con IVA y el inquilino debe hacer retención del impuesto. Asimismo, superados ciertos montos, la AFIP exige bancarización. Por último, estos contratos de alquiler deben pagar el impuesto de sellos en la CABA. Me pregunto ¿habrá cumplido Zaffaroni con las leyes tributarias? Quienes estan en el negocio de la prostitución no son amigos de las facturas, bancarización y pago de Sellos e IVA. Además, el “track record” de evasión previsional y tributaria de Zaffaroni no lo ayuda. Y más, cuando en la entrevista radial que le concedió a Víctor Hugo Morales, dijo que respecto de los alquileres “no hay documentación”. Es inconcebible que un juez de la Corte esté envuelto en semejante escándalo y se dé el lujo de no dar explicaciones públicas, precisas y contundentes con la debida documentación respaldatoria. Por el bien de la institución, esperemos que aclare pronto o sea removido.

  8. Lamentablemente este artículo es una fuente más de desinformación. Vamos a marcar algunas falencias: 1) ¿Cuándo dijo ERZ que envidiaban su prestigio y conocimiento? ¿No dijo más bien que envidiaban abiertamente su cargo? 2) ¿No nació el asunto en la prensa amarilla? Hasta donde sé, el primer titular que se publicó fue el de “El puticlub del juez” en Libre, propiedad de Editorial Perfil. Es curioso que el investigador de Perfil que vio su nota devenir en este circo no consideraba que hubiera responsabilidad alguna de ERZ. 3) ¿De verdad los políticos y el periodismo reaccionaron de manera institucional? No me consta que sean capaces de hacerlo. Me acuerdo de Alfonsín diciendo que él daría un paso al costado, y a sus correligionarios más serios desdiciendo sus declaraciones, cual ministros del reino ante los dichos del príncipe advenedizo. Se me viene a la cabeza el solícito denunciante de los servicios, instalado como constitucionalista estrella en TN y pidiendo la renuncia con la respiración más comprometida que Darth Vader.

    • Estimado Horacio, te agradezco tu opinión. No coincido con ella, como te imaginarás, y no lo hago desde el mismo principio: cuando afirmás que “este artículo es una fuente más de desinformación”. El post no brinda información nueva, sino que interpreta la información existente, a partir de la transcripción del discurso de ERZ. Es entonces una opinión, una lectura sobre ese discurso que, como tal, puede no ser compartida (por ejemplo, por vos). Pero encuadrar pluralidad de ideas, interpretaciones y perspectivas con desinformación me parece que le hace flaco favor a la libertad de expresión.
      Dicho esto, me parece que muchas cosas de las que decís son ciertas pero toman el caso particular por el todo. Por ejemplo, que la noticia salió en Libre no quiere decir que el instrumento de todo el asunto fue la prensa amarilla. Allí surgió, está bien, pero después se transformó en otra cosa y fue recogido por otros medios y por la sociedad. Hubo actitudes como la de Alfonsín, que pueden haber sido desacertadas, pero siempre fueron por los carriles institucionales. Por otra parte, la gran mayoría de opiniones políticas fueron muy moderadas. Respecto del prestigio de ERZ, cito: “los lapidadores actúan con muy diferentes motivaciones. Veamos: (…) 8.- Profesionales que ambicionan ocupar un día el lugar del lapidado y envidian abiertamente su prestigio y conocimiento (¿Por qué él, si yo soy más?)”. Me parece que esta frase claramente se refiere a él (no se podría envidiar el conocimiento del cargo, ¿no?).

  9. 4) Bien, entonces no hubo hostigamiento… Las múltiples llamadas recibidas a toda hora por el magistrado y sus allegados, preparando el terreno psicológico a medida que los hechos se desenvolvían, son una cara del asunto que este artículo no debió omitir al momento de relativizar el empleo de la figura de la lapidación mediática. ¿O es que existe una carga derivada de la condición de funcionario de tolerar este tipo de intromisiones? ¿O es que se pueden desvincular del fenómeno periodístico que iba en tándem? La deconstrucción del concepto requería una reseña más completa de los propios dichos del juez; un ejercicio elemental de honestidad intelectual. 5) ¿Remiso en dar explicaciones? Nunca escuché tantas y tan convincentes. Ni sé de alguien que haya remitido documentación a la Cámara de Diputados sin que se la requirieran, o donado los escasos fondos que le hallaron en una cuenta tras un diligente estudio de sus bienes. 6) No existe el deber institucional de un ministro con múltiples ocupaciones de gran valor para la sociedad de conocer personalmente a los propietarios de los 15 departamentos que posee; ni tan siquiera de haber ingresado en ellas. Creo que esta afirmación traza una división entre lo público y lo privado, precisamente porque son sus funciones institucional y académica las que le obstan a una administración personal y pormenorizada de su patrimonio.

    • Puede haber habido hostigamiento, no lo discuto. El tema es si ese hostigamiento fue la regla y no la excepción, y si hubo verdaderamente una intencionalidad de “quebrar” a Zaffaroni. Si hubo intromisiones desmedidas, ello es criticable y es un ejercicio abusivo de la libertad de informar. Para interpretar eso como un proceso de lapidación mediática hay un gran paso y considero (por lo que explico en el post) que aquí no se ha dado.
      La contundencia de las explicaciones es una cuestión al menos opinable. En cualquier caso, dar explicaciones es también someterse a las preguntas de la sociedad y de sus instituciones y ERZ no lo ha hecho. Más bien, ha intentado fijar el modo en que quería hacerlo, a través de declaraciones unilaterales, remisión de información pero no disponiendose a responder preguntas o requerimientos. En ese sentido, las explicaciones de ERZ han sido las que el ha considerado neceario (o querido) dar, pero esa apreciación no tiene por qué ser compartida por el resto de la sociedad. Y que no lo sea, no quiere decir que haya una persecución.
      Algo parecido sucede respecto del deber institucional en cabeza de ERZ. El Ministro tiene una postura bastante particular sobre los límites a los que debe someterse un juez, por ejemplo en sus expresiones políticas o en sus declaraciones ante los medios. Interpretar su deber institucional desde los propios paradigmas de ERZ es, cuanto menos, parcial porque no son los únicos existentes. Esa es una discusión, como afirmo en el post, que ha sido silenciada en este caso.

  10. 7) El análisis del discurso peca de simpleza si se tiene a éste por un acto de “victimización”, en lugar de exactamente lo contrario; esto es, una contraofensiva. “Conmigo se equivocaron; a mí no me van a desmoronar psicológicamente; estoy en condiciones de triunfar por sobre su injuria”, parece haber sido la tónica dominante de la alocución. Las derivaciones que hace este artículo sobre el propio capital simbólico del ministro y el falso recurso de la indefensión sólo resultan certeras si se formulan desde esta desnaturalización del contexto. Nuevamente y de manera caprichosa secciona la realidad esta publicación, cuando el tema del “perfil del agredido”, sobre el cual se extendió el orador, únicamente se menciona en lo que toca a su confesada postura transgesora. 9) Finalmente, resulta falaz hablar del “entorno amigable” en que Zaffaroni brindó sus explicaciones finales. Le precedieron numerosas declaraciones ante diversos medios, como aquí mismo se señala, e incluso una conferencia de prensa en una Universidad del litoral que fue transmitida por televisión. Escuché en estas ocasiones las más variadas explicaciones. Este cierre -magistral en el plano retórico, por cierto- se dio en el marco de un acto de desagravio que él mismo no organizó, ante un auditorio lleno, de entrada libre, y frente a los periodistas y las cámaras. Si su cobertura mediática fue naturalmente nimia, sabemos que esto no corre por cuenta del orador. Pero las cámaras estuvieron ahí, a la espera de cualquier desliz. La invisibilización, mal que le pese al Quijote, ha sido aquí señal del buen tino del discurso. La mentirosa y antidemocrática selectividad de la información que practican determinados medios masivos de comunicación resulta inocultable a esta altura de los acontecimientos.

    • La victimización es una postura que toma el mismo ERZ al comienzo de su discurso. Pero, como muy bien sugerís, utiliza esa victimización para contratacar, porque hay pocas personas más fuertes que las víctimas. Allí está, justamente, una de las estrategias del discurso que me parecen más relevantes. Sobre el perfil del agredido no me he extendido porque considero que es una consecuencia necesaria de su estrategia de victimización y personalización del conflicto. El mensaje es:acá no hay una cuestión institucional, hay una cuestión personal contra mí. Esta es toda una definición sobre el conflicto, de la que es muy difícil salir y discutirla objetivamente. Las teorías de la conspiración son pródigas en este tipo de análisis.
      Sobre los entornos amigables, considero que las explicaciones y reportajes los dio Zaffaroni a Página 12 con reportaje a Granovsky o a Victor Hugo en la radio, no a La Nación, Clarín u otros medios. Tampoco dió una conferencia de prensa, si hubiera querido igualar a todos los medios. No critico que haya ido a un acto de la UBA que organizaron en su honor, solamente marco la diferencia entre esa comparecencia donde iba a llevar la voz cantante y otras -no realizadas- donde se lo pudiera interrogar abiertamente sobre los hechos del caso.
      Atentamente,
      Valentín

  11. Totalmente de acuerdo con el contenido de la nota, VTC, lo mejor que he leído sobre el asunto, lejos.

    “Múltiples llamadas” se llama chequear fuentes y consultar al afectado por la información, no es hostigamiento, es el ABC del periodismo. Lo mismo con las guardias a la salida de la casa. Si quieren ser periodistas sean periodistas, pero este ejercicio amateurístico de la Comisión del Mejoramiento del Trabajo Ajeno es vegonzoso. Horacio, fíjese que en TEA tienen cuotas accesibles.

  12. Ramiro: Su respuesta me parece bastante desafortunada. Múltiples llamadas implica, en la propia exposición de Zaffaroni, llamados telefónicos, mensajes en el contestador y mails recibidos por la mañana, por la tarde y por la noche, durante días, por el propio magistrado, sus colaboradores y otros allegados (nótese que los segundos poco podían aportar a la “noticia”). No guarda demasiada relación con el “chequeo” de fuentes, que le recomiento lleve a cabo consultando la propia conferencia del juez, para saber a lo que me refiero. El “ejercicio amateurístico” que ligeramente me endilga es poco más que un contraste crítico del artículo con su fuente. Supongo que tiene lugar en un foro abierto como éste y bastante más sentido constructivo que un “qué lindo”. Si le resulta vergonzosa la libertad de opinión, guárdese mejor leyendo su ABC. No necesito exhibirle credenciales.

  13. Pero estimados, más allá del hostigamiento, más allá de la prensa, es verdad o no que el juez alquilaba varios inmuebles a una red de prostitución o a varias prostitutas sueltas? Y en ese caso, debe explicar su actuar? Ha sido negligente en su esfera privada? Explicó? Está justificado? Puede un juez desatender sus asuntos privados a tal extremo? Conoció o podía razonablemente haber conocido lo que sucedía con anticipación a que estallara la bomba? Puede desentenderse de lo que hacen sus mandatarios? Cómo falla estos casos de “mandato”? Debe dar ejemplo de ética a la sociadad, a quien él juzga? Qué dicen los Códigos de Etica para Magistrados del mundo sobre la conducta privada que debe observar un magistrado? Se equivocó? Pidió disculpas? Está conforme con su actuación?
    Horacio, estás obstinada o malintencionadamente desviando el foco de atención.
    La explicación de la victimización del juez le viene bien a Zaffaroni para no explicar lo que debe explicar.

  14. Perfectas tus palabras, Esteban. Vuelven el asunto a su esencia y lo sitúan en el quid de la cuestión: lo que hizo, y no lo que dijo, Z.-
    Y si ése el punto, no entiendo los esfuerzos por hacer de los que opinan sobre él, supuestos “contradictores” o “enemigos” de Z; cuando, de seguro, ninguno lo es y cuánto menos de su persona. En todo caso, y si a sus heraldos gusta llamar “enemigos” a los de criterio diferente, pues concedan esos cortesanos que los tales “enemigos” -de serlos-solamente de sus “faltas”, no de su persona.-
    Y como ministro de la CSJN que es, y si en algo importa la CSJN: ¿se puede ser afecto a esas sus faltas?.-
    Insisto con Cicerón: “… si queremos ser jueces sagaces y observadores de los vicios, con frecuencia por verdaderas pequeñeces podremos conocer los defectos graves de una persona” (“Sobre los Deberes”).-
    ¿”Pequeñeces” las de Z?.-
    Cierro con Séneca, que dice retuvo de Pomponio: “hay ojos tan habituados a las tinieblas, que en la claridad ven mal” (“Cartas a Lucilio”).-

  15. Estimado Valentín:
    Agradezco la altura de tu respuesta y te pido disculpas por el arrebato en que incurrí al iniciar la mía. Naturalmente ésta es una cuestión de cristales y, cuando señalás que no tome la parte por el todo, queda claro que la diferencia de enfoque en los argumentos y en la propia síntesis del discurso viene dada por el punto de partida que cada uno adoptó a priori. En concreto, creo que el tema pasa por determinar si la interpelación al ministro no fue desfigurada o sobredimensionada desde el comienzo; si, en tal caso, no fue víctima efectiva de esta particular formulación de la noticia (ya que una víctima, en tanto reconozca los límites de tal condición, no “se victimiza”); y si, en función de lo anterior, correspondía que las explicaciones del caso se ajustaran al cuestionario impuesto por la prensa o se efectuaran ante tal o cual medio.
    En mi opinión y hablando en términos generales, la cobertura periodística del caso pecó de seria negligencia (por ejemplo, al no informar desde el primer día sobre la existencia de un contrato de representación, cuando se contaba con esa información desde el primer día) y de una vulgarización de los tópicos en juego (como cuando artera y gratuitamente se aludía a la trata de personas), que contribuyen a vulnerar, sin base cierta y de manera irreversible, la confianza del ciudadano en sus instituciones.
    Con sinceridad sostengo que no veo falta alguna que configure mal desempeño en el hecho de ignorar los detalles del cumplimiento de un mandato (tanto menos en desconocer la actividad que desarrollan los inquilinos que por un tercero se contratan) y que se trata de un revés que bien podría sufrir cualquier funcionario en circunstancias similares y en nada variaría mi postura al respecto. Tampoco estimo que se trate de situaciones que, como el juego, lesionen la imagen de la magistratura, en la medida en que un tercero no postule esta acusación, que arbitrariamente se hizo, de proxenetismo.
    La sensación de falta de explicaciones que se advierte proviene a mi juicio de un mecanismo que Domenech describe en “La propaganda política”, según el cual la velocidad vertiginosa con que se sucede la información conduce al público por una senda invariable, de modo que las respuestas, a falta de una gimnasia adecuada, siempre lleguen cuando el foco de atención ya se hubo desplazado. Claro que con ello estoy adentrándome en la opinable hipótesis de una campaña, y remarco que digo “opinable” puesto que se me aparece como ingenuo, en el caso, tenerla por descabellada.
    Atentamente,
    Horacio

  16. Estimado Horacio: te agradezco el diálogo y el muy interesante intercambio de ideas. La cuestión que se plantea es compleja, las pasiones se exacerban y a veces es díficil discernir bien qué es lo que está pasando (sobre todo cuando la evaluación es contemporánea al hecho). En este contexto, creo que la multiplicidad de perspectivas, expresadas con altura, ayudan mucho a ver los distintos matices.
    Abrazo,
    Valentín

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 985 seguidores