Una mañana de 1980, Michael Willard empezó a trabajar como mensajero en la sucursal Banco Nación, New York, New York. Arengado por Sinatra (oda que continuó A.Keys con Empire State of Mind), comenzó a subir posiciones en la gran manzana. Llegó hasta el puesto de subgerente, de donde fue despedido en el año 2004, exactamente 24 años después de su ingreso. Alguien, quizás personificando a Donald Trump, le habrá comunicado el “you’re fired!”; esa marca registrada del sistema de contratación americano que se conoce como “at-will employment” y que motoriza muchos debates interesantes sobre flexibilidades vs rigideces a la hora de fomentar empleo. La mala noticia no lo puede haber sorprendido. Un tiempito atrás se había ganado un sumario por intentar elegir sus derechos laborales “a la carta”. Es que pretendió mechar en una típica relación laboral americana, una pizca latina: dejó de lado su bonus de fin de año, ordenó que desde el año 2002 se lo reemplazara con nuestro vernáculo Sueldo Anual Complementario e invocó para ello una autorización de la casa central bancaria que nunca había sido dada. Puesto de patitas en la calle, y habiendo rechazado los 30.000 dólares que le ofrecieron, el hombre se jugó la última ficha para hacer saltar la banca y ganarse un lugar en el club del millón de dólares. Casi lo logra. La mayoría de la Sala VIII de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, generosa con plata ajena, revocó una sentencia de primer grado y le dio al sub-gerente un millón de pesitos. La Corte le rebotó el cheque.
23/09/2011
A saltar la banca
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