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Alfonso Santiago (h) -director-: Historia de la Corte Suprema Argentina
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Alfonso Santiago (h) -director-: Historia de la Corte Suprema Argentina

by Valentin Thury CornejoMarzo 30, 2015

No somos muy afectos a las palabras comunes de la academica jurídica. Antes bien, intentamos renovarnos para decir a veces lo mismo, otras no, sin encorsetarnos en fórmulas que no sentimos nuestras. Pero a veces es inevitable. Disculpennos, por lo tanto, si en las líneas que siguen caemos en algún lugar demasiado transitado. Es que estos últimos -los lugares comunes- abundan, paradójicamente, cuando nos encontramos con una obra poco común. En su ambición y en sus resultados, la Historia de la Corte Suprema que ha dirigido nuestro querido colaborador Alfonso Santiago (h), está destinada a marcar un antes y un después. Largamente esperada, por los cultores del Derecho Constitucional argentino y también por los lectores de este blog que tuvimos la suerte de ir recibiendo unos sustanciosos adelantos en forma de posts, es justo decir que la obra llena un vacío que se hacía notar. Con algunos antecedentes lejanos -el de Clodomiro Zavalía- y otros un poco más recientes y famosos, como el de Julio Oyhanarte, la historia de la Corte Suprema se mostraba como una cumbre majestuosa que se admiraba desde la lejanía pero nadie se atrevía a escalar. Hasta este momento.

La obra es verdaderamente monumental y si quieren un paseo por sus casi 2200 páginas, la mejor introducción será comenzar por esta reseña de Jorge Alberto Diegues o por esta otra de Gustavo Arballo en su blog Saber Leyes no es Saber Derecho. Por nuestra parte, les confesaremos algo que ningún reseñador que se precie hace, bajo pena de nulidad del comentario. Recién estamos por el primer tomo de la Historia, el que va de 1853 a 1947. Es tanta la información, tan profunda la interconexión entre historia y teoría constitucional que uno debe ir haciendo mientras la lee, que la experiencia -si quiere ser profunda- se hace necesariamente pausada. Como toda obra, uno puede entrar en ella desde ángulos diversos, pero para el constitucionalista que conoce la dogmática por, por ejemplo, haber dado clases de la materia, significa una revisión profunda de todos sus conocimientos. Someter nociones que uno considera consolidadas a la revisión que le propone la historia de su origen concreto, en casos y contextos históricos bien determinados, obliga a replantearse el lugar de la historia en el conocimiento del Derecho y de las instituciones. En nuestro planes de estudio, tendemos a confinarla a dos o tres bolillas de aburridos antecedentes constitucionales. Esta obra nos sugiere un camino interdisciplinario de muchísimo mayor calado, un verdadero programa de renovación disciplinar en el que los conceptos constitucionales van anudados por la historia y por la política.

En la presentación del libro, realizada el 25 de febrero de 2015 ante una nutrida concurrencia que incluyó al Ministro de la Corte Suprema de Justicia, Juan Carlos Maqueda, se expresaron algunas de estas conexiones. Así, la ilustre presencia de Víctor Tau Anzoategui, miembro de la Academia Nacional de la Historia, sirvió para ubicar la obra en el marco de la Historia del Derecho, tal como quedó expresada en su intervención:

Uno de los coautores, Alberto B. Bianchi, cuyos capítulos sobre la Corte de Alfonsín y de los Kirchner -con el intervalo de un largo capítulo de Alfonso Santiago (h) sobre la Corte de Menem- se llevan mas de 600 páginas del Tomo 3, contó su propia conexión con la obra:

Finalmente, llegó la voz más esperada, la del Director de esta obra colectiva, qué contó la génesis de la misma, su desarrollo y destacó el lugar que ocupa en ella cada uno de los co-autores. En su visión, “a través de los fallos se puede analizar la conciencia jurídica y ética de los argentinos. La Corte fue y es un reflejo de lo que los argentinos consideramos como legítimo”

Esta presentación no agota -obviamente- el contenido de la obra, pero es una agradable invitación a su lectura. Este post tiene el mismo objetivo, dada la imposibilidad de una síntesis mínimamente justa de sus contenidos. Es un paso de gigante el que han hecho Alfonso y los autores del libro, pero no deja de ser un primer paso. Abre un universo nuevo de estudios y fija una plataforma de base para emprenderlos, por lo que la primera tarea que abría que emprender, luego de la laudatio, sería la de su crítica. Así avanza el conocimiento y si bien es cierto que puede sonar ingrato, la labor del pionero se mide por la fortaleza del surco que abrió y la posibilidad de su supervivencia. A mí en particular, hay dos terrenos que están insinuados en distintas partes de la obra y que me gustaría sentir con más presencia. El primero es la lectura politológica del devenir de la Corte Suprema, algo que Alfonso Santiago recoge en su análisis del Tribunal en los 90s y que es cultivado en la literatura anglosajona bajo el rótulo de Law & Politics, o Courts & Politics. El segundo es el referido a una historia de la Corte Suprema y su poder institucional y de gobierno judicial, o sea, lo que lleva de unos jueces pasando frío en la actual sede del Banco Central a un Tribunal que maneja un presupuesto poderoso, instrumenta leyes de procedimientos y le disputa el poder a un órgano constitucionalmente diseñado para administrar el Poder Judicial como el Consejo de la Magistratura. El gran mérito de esta obra -y odiamos ser repetitivos al respecto- es que permite que tomemos lo que allí se dijo y lo utilicemos para investigaciones que ahonden en aspectos menos subrayados. Como todo texto fundacional es pasible así de relecturas, críticas, profundizaciones y también, por qué no, adeptos fanáticos.

Aplaudimos, pues, con fervor la aparición de esta obra, nos llenamos de orgullo de haber sido una partecita chiquita de ella y nos renace la esperanza que suelen producir los grandes emprendimientos. ¡Todavía es posible!

 

Foto: Citizensheep / Foter / CC BY-NC-SA