Administrativo, Tributario y Previsional
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Ancianos, también al asador (otra de buitres)
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Ancianos, también al asador (otra de buitres)

by Ricardo Mihura EstradaSeptiembre 1, 2015

Si alguna esperanza en la Justicia guardaban aún los bonistas argentinos pre-2002 para cobrar sus títulos pesificados y largamente diferidos, era cumplir 75 años (sin morir en el intento) y exigir el pago por avanzada edad. Las razones humanitarias y constitucionales obvias se complementaban con la Res ME 73/2002 que exceptuaría del default a los mayores de esa edad. No más. “Lasciate ogni speranza voi ch’entrate“. A partir del fallo “Galindo de Spota, Norma Carmen c/ Estado Nacional” la vejez ya no será excusa para burlar al can Cerbero que custodia la salida del default soberano más grande de la historia. Pueden Uds. seguir esperando al Congreso, pues esta Corte no se conmoverá.

Que los cumplas feliz

El caso se inicia en 2007 con una demanda de cobro de títulos públicos emitidos por el Gobierno Nacional antes de 2001 y que aún permanecen impagos. La actora cumplía 76 años y fundó su derecho al cobro en la excepción reglamentaria al diferimiento de pagos con que el art. 2 inc. c) de la Res ME 73/2002 beneficia a  las

“personas físicas de SETENTA Y CINCO (75) años o más de edad, y cuyas tenencias se encuentren acreditadas en la CAJA DE VALORES S.A. al 31 de diciembre de 2001 y que se mantenga sin variación”.

La impecable sentencia de la jueza Carrión de Lorenzo (año 2013) no se mete en el tema de la edad. Va al hueso sobre el carácter voluntario del canje, la no eternización del diferimiento de pago y el cambio de las circunstancias que dieron origen al default. Condena al pago de los títulos, en las condiciones del Decreto 471/2002: en pesos, con CER más 2% anual.

La Sala V de la Cámara en lo Contencioso Administrativo confirmó y sí hizo mérito de la edad: mandó a pagar intereses moratorios a partir de la fecha en que la actora cumplió los 75 años de edad. Se fundó en el precedente “Tapella” en el cual (como siempre en estos temas, con remisión al dictamen fiscal) la Corte había validado la aplicación de la excepción por edad a favor de los bonistas. También en el más interesante “Iachemet” (Fallos 316:779), que declaró la inconstitucionalidad de las reglas de pago de obligaciones consolidadas (Ley 23982) aplicadas al crédito por una pensión de una mujer mayor de 92.

Año 2013. Nuestra actora cumplía 82.

Con un sapo en la nariz

El derrotero discursivo del dictamen fiscal de Laura Monti no difiere grandemente de todos los que recordamos en mi entrada anterior “Cazando Buitres (de papel)“: todo comienza en “Galli” (Fallos 328:690), que en 2005 cerró el camino a la demanda de pago de los títulos públicos en sus condiciones de emisión (dólares), y termina en “Rabolini” (Fallos 333:855), que en 2010 dijo que la doctrina de la emergencia de “Galli” también validaba constitucionalmente el diferimiento de la deuda pública, en general (en pesos).

El holding está en la forma en que la fiscal se distancia del citado “Tapella”: en éste se había hecho mérito del derecho adquirido del bonista, por haber cumplido los 75 antes de la vigencia del diferimiento y excepción dictados en 2002 por la Resolución ME 73/2002. Pero las normas de diferimiento posteriores (que se incluyen en las periódicas leyes anuales de presupuesto), y en particular la que estaba vigente el día de su septuagésimo quinto cumpleaños de la Sra. Galindo de Spota, no se acordaron de los ancianos. Como nadie tiene derecho al mantenimiento de las leyes y reglamentos, no es posible ya invocar aquella excepción.

¡Ah! Y no olvidar que la actora se podría haber adherido a las tantas opciones de canje “voluntario”, por lo que no se venga a decir acá que este diferimiento, que ya lleva 14 años, es irrazonable.

84 años. Cumplidos.

Y ojalá que te pise un tranvía

No conforme con haber dejado sentada su solución y clara la doctrina de que la excepción por edad (en la que aún todos creíamos) aplicó sólo en 2002 y hoy ya no rige, la Corte manda a la Sra. Galindo de Spota a hacerse cargo de las costas.

Prefiero no agregar más.