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Nos, The People
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Nos, The People

by Martin OyhanarteNoviembre 17, 2015

Que el nuestro fue y será un país cruzado por antinomias ya lo sé. El Derecho Constitucional no se queda atrás, y registra unas cuantas. De las más añejas, la polémica por la influencia de la Constitución de los EE.UU., que se remonta al cruce entre Alberdi y Sarmiento (y más allá también).

No es este el lugar para definir si nuestra norma fundamental es una obra genuina, o fraguada por un precursor criollo de Pierre Menard. Sí me parece interesante terciar con un aporte cuantitativo y pragmático: ¿cuánto citó nuestra Corte Suprema, a lo largo de su vida, a la fuente del Norte?

Para hacer este ejercicio dividimos la historia de la Corte Suprema en etapas y utilizamos -con pretensión de imparcialidad- la misma muestra estadística de “Fallos Institucionales” que utilizamos en un post previo sobre la extensión de las sentencias. En este Anexo Metodológico es posible consultar cuáles son los fallos que integran la muestra y cuál la cantidad de citas en cada sentencia y en cada período.

* * *

El análisis cuantitativo arroja un primer gráfico, que muestra cuál es el porcentaje de fallos resueltos con al menos una cita de fuente estadounidense en cada período. Así, por ejemplo, si en un período determinado se analizaron 20 fallos, y en 10 de ellos hay al menos una cita, el índice que resulta es del 50%.

Grafico 1

Un segundo gráfico complementa al anterior, ilustrando la “intensidad” con que se cita a las fuentes estadounidenses, en promedio, en cada período. Aquí, el índice resulta de dividir la cantidad total de citas del período por la cantidad de fallos considerados en la muestra.

Grafico 2

Los abruptos quiebres históricos nos obligan a un inciso cualitativo bastante obvio: las Cortes con más cantidad de citas tienen una visión positiva del modelo constitucional estadounidense, mientras que las que tienen baja cantidad, se refieren a EE.UU. con una carga negativa.

Así, por ejemplo, en la primera etapa histórica, la Corte de Gorostiaga (1863-1903) no sólo fue la que hizo el uso más intensivo de citas gringas, sino que las despachó con frases del siguiente tenor: “el derecho federal Americano, que es nuestro propio Derecho Constitucional, tiene entre nosotros importancia decisiva” (Fallos 33:162).

Por el contrario, las referencias de la primera Corte peronista (1947-1955) son críticas. Este tribunal sostuvo que presentar el modelo estadounidense como fuente propia es algo así como un capricho. Denuncia que se “ha querido encontrar similitud para la aplicación de la jurisprudencia” de aquel país (Fallos 217:122). Y también, la frase más agresiva que yo conozca sobre el tema, según la cual las fuentes de EE.UU. no deben ser tenidas en cuenta porque se trata de un “país que entiende la guerra con finalidades de expansión o en relación a las peculiaridades anglo-sajonas dominantes en su formación ético-racial, bien distintas a la tradición argentina…” (Fallos 211:162).

Este enfoque nos invita a cruzar de algún modo los datos con conceptos políticos o filosóficos. Para esta segunda operación resulta útil dividir y agrupar cuantitativamente los distintos períodos históricos. Si planteamos tres franjas de frecuencia, la primera estará dada por las Cortes con “alta” cantidad de citas (en más del 50% de los fallos); el segundo por las Cortes con “media” cantidad de citas (entre el 25% y el 50%); y el tercero las Cortes con “baja” cantidad de citas (menos del 25%).

Grafico 3

Los datos, el gráfico agrupado, y el método falsacionista nos permiten descartar algunos prejuicios habituales en la materia:

(i) No se verifica una correlación en términos partidarios: los índices de las Cortes “peronistas” del ’47 y del ’73 son casi idénticos a los de las Cortes de los gobiernos militares, típicamente “antiperonistas”, del ’55, ‘66 ó ’76. Y también, los índices de las Cortes “peronistas de Perón” del ’47 y ‘73, son notoriamente más bajos que los de las Cortes conformadas bajo los gobiernos también “peronistas” de Menem o Kirchner.

(ii) No se verifica una correlación en términos de política económica: los índices de las Cortes del “Proceso” del ’76 o de Menem en los ‘90, en donde -se afirma popularmente- prevaleció el “neoliberalismo económico”, son más bajos que los de las Cortes que actuaron bajo los gobiernos de Alfonsín ’83 o Kirchner ‘03, en las que -se afirma popularmente- prevalecieron ideas de fuerte “intervencionismo estatal”, “administración del comercio” o  “sustitución de importaciones”, en marcado contraste con sus antecesores respectivos.

(iii) No se verifica una correlación en términos ideológicos clásicos: los índices de las Cortes de facto del ’66 o el ‘76, a las que podemos calificar “de derecha” son mucho menores, por ejemplo, que los de las Cortes conformadas por Alfonsín o Kirchner, que sin dudas se sitúan más a la izquierda.

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Cabe preguntarse, para terminar, si existe algún principio que sí explique las líneas de continuidad y ruptura a lo largo del tiempo.

En mi opinión, los datos admiten al menos una hipótesis debatible, pero no falsable, a saber: que el uso de citas estadounidenses fue más frecuente en aquellos períodos en donde los miembros de la Corte elaboraron una jurisprudencia de (a) mayor adhesión al liberalismo político; y, al mismo tiempo, (b) una búsqueda de inserción internacional de alta intensidad con baja dosis de nacionalismo. Es decir, cuando expresaron adhesión a una filosofía política dirigida a asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo.